“El siglo 21 será el siglo de Brasil, con el petróleo pre-sal, Brasil se transformará en una gran potencia mundial.” – El ex presidente Lula, 2007 (Webb 2010).
Reservas similares a las de Kuwait se han encontrado en aguas en la costa de Brasil. Las reservas del pre-sal se estiman entre 70 y 100 mil millones de barriles de petróleo y se consideran como los más grandes yacimientos conocidos de petróleo en alta mar. Una inversión de un billón de dólares se espera en la industria durante esta década, convirtiéndose en uno de los mayores programas de inversión del sector privado en la historia de la humanidad. En otras palabras, es “más costoso que mandar a un hombre a la luna” como indica Joe Leahy en una edición del Financial Times de marzo 2011.
Figura 1. Millones de reservas comprobadas en el mundo (en mil millones de barriles)
Es evidente que Brasil va a ser un jugador cada vez más importante en el mercado energético. Sin embargo, todavía queda un largo camino para que esta bonanza se concreticé como una bendición, y una serie de obstáculos por superar que podrían arruinar este momento histórico.
Tras el descubrimiento del campo pre-sal Tupi en 2007, el gobierno PT se ha comprometido fuertemente al nacionalismo petrolero. Los líderes brasileños han considerado este petróleo recién descubierto como un billete millonario, o un pasaporte al primer mundo, como lo indica un artículo en The Economist en 2009. Como tal, han promovido un nuevo sistema de regulación para la exploración de la capa pre-sal, con la creación de la PPSA, propiedad del Estado, y el creciente control de Petrobras en el sector. Además, el gobierno ha puesto en marcha la ley de contenido local, que exige que los equipos y servicios para la exploración del pre-sal deban ser 60-65% proveídos por compañías locales. Pero la verdad es que estas políticas nacionalistas son una amenaza para el desarrollo rápido y sostenido del Brasil.
En medio de la conmoción, los líderes brasileños han sido sin duda arrastrados a una ilusión lírica: un optimismo eufórico que el pre-sal es un don de Dios y resolverá todos los problemas. Esta confianza ciega, a menudo ha llevado a expectativas exageradamente optimistas, al aumento de las presiones presupuestarias y ahorros limitados como indica un estudio del Fondo Monetario Internacional. La lógica es simple: más rentas significa más gastos, lo que significa mayor costo. Cuando las rentas disminuyen (por ejemplo, si los precios del petróleo caen), el gasto público no hará lo mismo, y un déficit podría ser acumulado.
Además, hay un enorme cuello de botella en el país, el problema de la absorción: las burocracias ineficientes, falta de mano de obra calificada y una infraestructura inadecuada que son incapaces de hacer frente a la llegada masiva de ingresos y los programas de expansión del sector público. En otras palabras, parece casi imposible que estas rentas de recursos serán absorbidas en Brasil.
Para complicar más las cosas, una nueva Ley de Hidrocarburos, promulgada en 2010, propone un sistema de producción compartida en las zonas del polígono pre-sal. El presidente Lula terminó su mandato de forma chovinista (o Chavista), con la proposición de este nuevo sistema en lugar del anterior sistema de concesiones, lo cual aumenta la participación del gobierno en el sector petrolero. Este nuevo sistema inhibe la participación de las empresas privadas, y le otorga un mayor control de la exploración pre-sal a Petrobras.
¿Y cuál es el problema con más control del Estado en el sector petrolero?
Desde el fin de su monopolio legal en 1997, la productividad total de Petrobras duplicó en seis años. En el período posterior a la reforma, las empresas pagaban los derechos para explorar las áreas, y competían en las rondas de licitación en lo que se llama el régimen de concesiones. Esto provocó un aumento espectacular de la productividad de Petrobras, lo que llevó a la anhelada auto-suficiencia Brasilera en 2006.
Figura 2. Productividad total de factores de Petrobras y Brasil, 1976-2011
Sin embargo, el nuevo sistema de producción compartida en el área del pre-sal es casi como un paso atrás, hacia la era anterior a la reforma. Se requiere una participación mínima del 30% de Petrobras en la composición de los consorcios, y una participación masiva del 50% de la recién creada empresa estatal PPSA. Petrobras ya posee el 92,6% de la producción nacional de petróleo y gas, mientras que grandes nombres como Shell, Statoil, Chevron, BP y OGX representan en conjunto sólo el 7,1%. ¿Entonces, por qué, el gobierno quiere limitar aún más la participación de empresas extranjeras, ya que capital en gran escala es necesario para la exploración del pre-sal?
En un optimismo sorprendente, el gobierno también ha adoptado una política llamada la ley de contenido local. Exige que el 60-65% de los equipos y servicios para la industria petrolera deban ser suministrados por la industria local. Esto puede reducir la capacidad brasileña de producción y exploración de la capa pre-sal por cinco razones: [1] la falta de capacidad, [2] Los costos más altos [3], la débil competitividad, [4] la falta de calidad y retrasos, y [5] la falta de mano de obra calificada de los proveedores locales. Por ejemplo, el 76% de los proveedores locales en el sector del petróleo son compañías pequeñas y no exportadoras, muy poco competitivas e incapaces de suministrar la mayor expansión del sector petrolero en la historia de Brasil como indico la revista Exame en el 2012.
¿Cómo será Brasil capaz de realizar dicha inversión, dependiendo tanto en su industria adolescente nacional?
El cuasi monopolio de Petrobras y la ley de contenido local en el área del pre-sal pueden realmente presentar un obstáculo a los ambiciosos objetivos de producción que han de ser alcanzados. Aunque tabú en Brasil, este artículo propone que un sector de petróleo eficiente no requiere un fuerte esfuerzo nacionalista. Sin embargo, los líderes han pintado una imagen de prosperidad innegable en los próximos años, y han encontrado una excusa para expandir el dominio del Estado en el sector petrolero. Por lo tanto, aunque el crecimiento es prácticamente un hecho para Brasil en los próximos años, estos desafíos son formidables obstáculos que pueden frenar seriamente el ritmo económico de la nación.
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Este articulo es un resumen de la disertación recibida con distinción por la London School of Economics: “The Oil is Ours: The Harms of Nationalism and the Pre-Salt Discoveries in the Coast of Brazil” del mismo autor.
Referencias
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Amuzegar, Jahangir, 1982. “Oil Wealth: A Very Mixed Blessing”. Foreign Affairs 60(4): 814-835.
ANP, 2011. “O Regime Regulador Misto: Concessão e Partilha”. Agência Nacional do Petróleo.
Bridgman, Benjamin et al, 2011. “Threatening to Increase Productivity: Evidence from Brazil’s Oil Industry,” World Development 39(8): 1372–1385.
Economist, 2009. “Preparing to Spend a “millionaire ticket” from offshore”. September 3, 2009.
Economist, 2011.“The devil in the deep-sea oil”. November 5, 2011.
Exame, 2012.“Pré-Sal e a Nova Economia Brasileira”.Revista Exame. Edition 1019, June 26, 2012.
Leahy, Joe, 2011. “Brazil: Platform for Growth”. Financial Times. March 15, 2011.
O’Keefe, B., & Burke, D., 2011. “The Next Oil Colossus”.Fortune 163(4): 126-136.
Vargas, Getúlio, 1964. A Política Nacionalista do Petróleo no Brasil. Edições Tempo Brasileiro: Rio de Janeiro.
Webb, Tim, 2010. “Petrobras aspires to be world’s biggest oil producer”.Guardian. November 15, 2010.
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